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Llevo y dejo un recuerdo. De las construcciones afrancesadas en Buenos Aires. Desde algún lado austral las palabras no se quedan en un texto. Podremos ser o estar, o haber sido y haber estado. La primavera siempre me da la espalda. Me salta. A mi se me dan otras cosas. La foto copada con algún patrimonio de la humanidad. Los restos de artistas que estuvieron locos. Locos por un Dios, por la izquierda, su derecha, sus nacionales-socialismos o tal vez por la imagen de ese “él” o esa “ella” que jamás se les va a dar. Y ahora, en su eternidad, mucho menos. En la vida de carne fresca ambulante no te separa la muerte, te separan las distancias, los silencios y la rutina.
Acto seguido, te llega la cuenta. Continua la locura en su objetivo y deseo de abrazar al sueño por la cintura. No se duerme la locura. Trabaja día y noche para darle las bases al sueño. Cucharita soledad. Mas vacío y un corazón a la parrilla. De madrugada descansa y no se enfría. Recuerda. Primavera, en mi tercer y querido mundo, va de septiembre a diciembre. Poco antes de que celebren navidad. Yo ya brindé hasta quemar los ideales. Morir de tanto en tanto era mi manera de sobrevivir. Pobre gansa. Para pascua quizá vuelva a caminar entre los muertos que andan por Florida. Yo celebro el arte, el cine, la música. Sueño fuerte con alguno de ellos. Guionamos el personaje de una chica cálida y educada. Hoy, dieciséis de noviembre, que fue ayer, nuestro personaje de carne y hueso es frío y no da respuestas. Tener corazón y no saber escupir o escupirme. Pobre gansa. Quel dommâge! La distancia del silencio no existía. Era silencio nomá ¿vio? El vacío se infla el pecho. Orgulloso camina campante frente a mis recuerdos. Y así, con nada, me gana en todo. Yo, sin castillo medieval, ubicada en alguna escala baja de esta sociedad, me subo a un tren que galopa. Si alguna vez esta sangre fue emperadora en mis pagos me acabo de enterar de que ya no. Se viene la conquista. Se vienen las transfusiones. Tomo mi lanza y voy. Con todo voy igual. Ella tiene las balas. El manual de historia ya me lo anticipó.
Me volví en clase turista. Yo quería jugar en primera.
Otro empate con sabor a cebollitas.
Así se aplastaba un corazón.
Y eso no era nada.
Un colectivo estaba por pisarme.

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